Atacama, ¿por dónde comienzo?

No trabajo con inspiración, creo más bien en que tenemos días buenos y días malos, para el trabajo, para la creatividad, para la vida. Escribo en cada foto que pongo aquí, se dieron cuenta, ¿no? pero no lo pienso, busco en el carrete la que quiero y dejo que fluya, borro un par de veces, corrijo las comas -que son mi sufrimiento- y posteo, no escribo en ninguna parte más, todo está aquí o en mi blog. No llevo una libreta donde anoto las ideas, no sé si es bueno o es malo. Lo que les quiero decir es que no espero la inspiración para escribir algo, me siento y lo escribo simplemente. Llegué ayer de Atacama, y aunque he querido sentarme a escribir sobre el viaje, una fuerza más grande me dice que aún estoy viajando, tengo el paisaje en frente, y así, para serles sincero, no me sale una palabra. Solo lo quiero disfrutar… Algunos días más. #AtacamaTravel

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Escribir sobre Atacama ha resultado difícil, no sé cómo comenzar y qué puede seguir después de darle rienda suelta al “lápiz”. Porque tengo las ideas dispersas. El paisaje lo tengo claro, ahí, latente, en frente, pero intentar reducir tanta inmensidad en unos cuantos párrafos lo más seguro es que me pase factura unos días después con el clásico “así lo puede haber escrito mejor”. Sigue leyendo

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Montevideo, un mate que se comparte

“En breve cruzaremos la cordillera de Los Andes, por favor vuelvan a sus asientos y abróchense los cinturones” parece que, se acostumbra a decir en los vuelos Santiago – Montevideo y al contrario, eso fue lo que se escuchó desde la tripulación unos minutos después de haber despegado rumbo a Uruguay. Mi lectura fatalista: justo ahí fue que el vuelo 571 de la fuerza aérea uruguaya se estrelló en la cordillera. Tenía como 8 años cuando vi una de las recreaciones del accidente en el cine, sobrevivientes de los Andes. Supongo que, es un toque del piloto para que no te pierdas el espectáculo si es que escogiste ventana. Sigue leyendo

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Valparaíso Express

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Sesión de fotos en Valpo

Había tardado en agarrar carretera en Chile. Tengo viajes pendientes por contar y no termino de organizarlos en mi cabeza. Es que, siento que tengo más de un año viajando. Me gusta creerme mi historia. Al final no pertenezco a nada, voy de paso, tomo lo que necesito y sigo. Sigue leyendo

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Chile, un viaje

20150829_084535Ha pasado un año, me doy cuenta porque el primer mensaje que recibí en la mañana fue el de mi papá, que se levanta de madrugada con la esperanza de conseguir una rayita de cobertura en el pueblo para enviarme, lo que hasta ahora no sé si es un mensaje de alegría o de tristeza. Un desgastado “cómo está todo” seguido de un “ya tienes un año…” y por ahí se fue. También noto que este es el primer año porque es el segundo invierno que me toca ¿en qué momento uno deja de contarlos? Sigue leyendo

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¡Yo no voté!

Hace así casi medio año abandoné mi país, la situación me obligó a hacerlo, porque no me fui, huí, que es distinto. Para luchar con mis propias batallas en otro lugar y, quizás, para cambiar unos problemas por otros,  ¿por qué no? ¡qué aburrida sería la vida sin ellos! No me fui, salí corriendo como quien acelera en los metros  finales de una carrera de velocidad,  porque esa era la verdad con la que cargaba en aquel instante. Lloré porque dejé lo mío,  al carnicero, al barbero de  siempre, al señor de los buenos días en el ascensor,  al portugués de la esquina que vendía las verduras  traídas de  Coche, y  no me di cuenta de eso  hasta que llegué a un lugar que no me pertenece, porque mis raíces están en otro. No lloré por mi familia porque creo fielmente en que somos seres individuales y universales y porque estoy acostumbrado a la distancia que muchas veces es la consecuencia de una independencia temprana. El que se va no tiene porque justificarlo y el que se queda tampoco porque la suerte tuya no es la mía y al contrario, porque mis  zapatos no tienen  los mismos kilómetros que los tuyos y al contrario, porque mis verdades son mías y las tuyas me son ajenas, porque mis realidades no son idénticas a las de otros. Porque mi vida es mía y la tuya es tuya. Sigue leyendo

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Buenos Aires, con otra mirada

Amanece en Aeroparque

Amanece en Aeroparque

La primera vez que fui a Buenos Aires tenía 25 años, esto de viajar apenas comenzaba y no tenía idea de que luego venían más viajes, tampoco es que he viajado mucho, no tanto como he querido, pero si tanto como he podido. Nadie resuelve mis viajes sino yo, y lo aclaro porque muchos pensaran que no es así. La verdad yo nunca viajé, a mi familia nunca le importó esto de salir de vacaciones, o no sé si más que importancia era que nunca había dinero para hacerlo, en general en los pueblos la gente no piensa mucho en viajar porque creen que es algo inalcanzable o muy costoso y me perdonan la generalización. Nunca tuve vacaciones, pero si recuerdo a uno que otro amigo saliendo de viaje al interior del país y siempre había al menos uno que había ido a Disney. Nosotros, mis hermanos y yo nos quedábamos esperando que agosto pasara silente, yo jugaba pelota de media, veía televisión, porque eso sí, en la casa el televisor jamás faltó. No era algo que estaba mal, salvo por uno que otro amigo que por molestar te preguntaba para dónde habías ido en vacaciones a sabiendas de que no habías salido. Lo más lejos que llegué a salir en plan “viaje familiar” fue a Puerto Cabello y era aburrido, íbamos de visita solo cuando mi tío se enfermaba o había alguna emergencia. Claro que fuimos a Villa Marina, a los Médanos, a la Sierra de Falcón. De niño conocí todo Falcón, mi tío, el que siempre se enfermaba era el que alborotaba el avispero. En Semana Santa era una religión buscarnos para ir a la playa, así sea cerca, porque en Falcón la playa siempre queda cerca desde donde estés. A mi me gustaba cuando íbamos a Las Cataratas de Hueque, gozaba como nadie. Un día hasta fuimos a parar a Maracaibo a visitar y que a unos familiares de nosotros, cosa que era mentira, esa fue mi primera vez en Maracaibo. Lo poco que salí fue por ese tío que ya murió pero que tenía un afán por divertirse, tanto que infectaba a sus aburridos hermanos, siempre lo notaba cuando nos iba a visitar. Ya saben por qué me gusta tanto viajar. Sigue leyendo

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