Atacama, ¿por dónde comienzo?


No trabajo con inspiración, creo más bien en que tenemos días buenos y días malos, para el trabajo, para la creatividad, para la vida. Escribo en cada foto que pongo aquí, se dieron cuenta, ¿no? pero no lo pienso, busco en el carrete la que quiero y dejo que fluya, borro un par de veces, corrijo las comas -que son mi sufrimiento- y posteo, no escribo en ninguna parte más, todo está aquí o en mi blog. No llevo una libreta donde anoto las ideas, no sé si es bueno o es malo. Lo que les quiero decir es que no espero la inspiración para escribir algo, me siento y lo escribo simplemente. Llegué ayer de Atacama, y aunque he querido sentarme a escribir sobre el viaje, una fuerza más grande me dice que aún estoy viajando, tengo el paisaje en frente, y así, para serles sincero, no me sale una palabra. Solo lo quiero disfrutar… Algunos días más. #AtacamaTravel #NatgeoChile

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Escribir sobre Atacama ha resultado difícil, no sé cómo comenzar y qué puede seguir después de darle rienda suelta al “lápiz”. Porque tengo las ideas dispersas. El paisaje lo tengo claro, ahí, latente, en frente, pero intentar reducir tanta inmensidad en unos cuantos párrafos lo más seguro es que me pase factura unos días después con el clásico “así lo puede haber escrito mejor”.

Pero hay que enfrentar la fiera de frente, dar la cara y convertir eso que vi en palabras, ése, es el trabajo de hoy y resulta hasta un ejercicio creativo. Es que, tengo el afán de mostrárselos cómo lo vi y ojalá contara con un súper poder parecido a ese. El desierto, San Pedro, la Región Norteña de Atacama en Chile, pasó a formar parte, aunque corto, de en uno de los viajes más increíbles que he hecho.

La idea del desierto no la comprendí sino hasta que aterricé en Calama, nunca una descripción había sido tan literal, nada por aquí, nada por allá, paisaje, inmensidad absurda. Te das cuenta cuando desde Calama te llevan a San Pedro, después de 5 kilómetros recorridos puedes ver el aeropuerto chiquitito a la distancia. En San Pedro y sus alrededores, al menos, todo es así, una pequeña población rodeada por una inmensidad ridícula.

El valle de la luna a los dos costados te avisan que estás llegando a San Pedro, el chofer te lo señala, baja la velocidad y todos tenemos la esperanza de tomar una buena foto, pero el viaje apenas comienza ¿Cuál es el apuro?. Las carreteras de tierra y los locales te dan la bienvenida, el sol está en su apogeo, pero San Pedro es traicionera, así que lo mejor siempre es andar con una chaqueta en el bolso.

Equipo el bolso con ropa (incluso de invierno), agua, protector y lentes y doy inicio a la aventura. Comienzo por  el Valle de la Luna, la Cordillera de la sal, el Valle de la Muerte, Las Tres Marías y termino viendo la puesta del sol en la Duna mayor, los guías hablan todos los idiomas, conozco a Rumanos, Brasileros y Japoneses, el recorrido me huele a sal, a sol, a médanos. Saltamos para algunas fotos, el cuerpo comienza a aclimatarse, San Pedro está a más de 2400 m.s.n.m., así que llegando hay que caminar despacio.

Seguro ya lo saben, pero Atacama es el desierto más árido del planeta y cuenta con el volcán más alto del mundo a 6.893 kilómetros de altura, llamado los Ojos del Salado y eso fue lo que hice en el segundo día, no ir al volcán, pero si verlo a la distancia, 8 horas de excursión danzando por el desierto me llevaron a pasar por la laguna de Chaxa, Salar de Atacama, Lagunas Miscanti y Meñiques, Piedras Rojas y el pueblo de Socaire y Toconao. Desayunamos en el medio de la nada, almorzamos en un huequito en Sacaire aforado en su totalidad por turistas y viajeros de todas partes del mundo. Tomamos vino en vaso y llegamos satisfechos de tanto ¿puede haber más?

Sí, siempre hay más. Esta vez hay que sacrificar el sueño para poder llegar a los Gésieres del Tatio a tiempo. A las 3 de la mañana suena el despertador, hay como 10 grados afuera, bolso en espalda y agarramos carretera una hora para poder llegar, lo notas porque la temperatura se pone en 8 grados bajo cero. Son pocas las fotos por el frío, pero es un lugar para ir a ver, como todo Atacama a decir verdad, el guía nos hace huevos revueltos con una cocinita casera, tomamos te, conversamos entre todos y esperamos el amanecer. Luego le dimos hasta los humedales y terminamos en el pueblo de Machuca donde comimos empanadas con queso. Los caminos hacen que se te pierda la vista, el cielo es azul, las fotos salen con facilidad. No hay mucha pose en el desierto, no sirve de nada, eres tú ante tanto que es imposible que seas el protagonista.

Y como estoy en uno de los mejores lugares del planeta para ver las estrellas, resulta un buen plan para la noche. Nos alejamos del pueblo de San Pedro unos 10 minutos y terminamos un grupo de 6 y 6 telescopios, observando la inmensidad, esa que está más lejos. Atacama resulta mística, misteriosa, entendí que hay cosas de las que no se hablan pero que todos saben, sirve el paisaje para darte cuenta que eres un punto en medio de tanto. Cuando llegaste al fin, hay más y luego más ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Fue el Big Bang así de generoso? ¿Fue Dios?

Si quieres poner distancia por un rato, vete lejos, la distancia es buena para muchas cosas, para poner pausa, para aclarar el panorama, la vida, poner orden, definir prioridades, Atacama es bueno para eso.

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