¿Nos queda país?

Paseo los Próceres - Caracas
Reflejo: Paseo los Próceres – Caracas

Me pregunto si de un tiempo para acá nos convertimos en un chanchullo o es que siempre fuimos así. No quiero pensar que la trampa es la esencia del venezolano. Algo no está bien en nosotros cuando giramos en torno al “sé quién te puede ayudar”, al “yo tengo un amigo en el banco” o al “no chica, no hagas la cola, yo conozco al tipo que hace ese trámite” ¿En qué nos convertimos?

Somos una maraña de ilegalidades y hasta resultamos ser la imagen de lo que a diario criticamos. No sé si este comportamiento es una herencia histórica o si surge del contexto social actual. No me importa. Algo está mal en nosotros. Cuando el que tienes cerca no le da la gana de pagar impuestos porque “el gobierno se roba esa plata” entiendes que estamos mal. Cuando lees en un estado de cualquier red social “se raspa cupo Cadivi con todo pago” entiendes que estamos doblemente mal y que hasta la vergüenza perdimos.

El venezolano vive aferrado a la idea de que lo que es igual no es trampa creyendo ingenuamente “le gané una al gobierno”. Cuando vas a un ente público y en la recepción -una mujer que se retoca sus uñas postizas- te dice “chico, eso te lo hacen en aquel cyber, son 200 bolos”, entiendes que somos un chanchullo. Cuando llegas al banco y te das cuenta de que el escritorio de la gestora está repleto de chocolates y detallitos, entiendes que estamos mal, nos acostumbramos a ir con la cabeza gacha a hacer un trámite y con un chocolate abajo del brazo para endulzar a quien tiene como responsabilidad atendernos bien. ¿Por qué no es al contrario? Tenemos miedo de que no nos carguen la planillita de Cadivi para el viaje que es dentro de 20 días o tenemos miedo de que el papel tal no salga en el tiempo que lo necesitamos. Nos volvimos corruptos de alguna manera, sobornadores a conciencia. Nos aprovechamos del descontrol para hacer con las leyes y con nuestros deberes como ciudadanos lo que nos da la gana. Basta con echarse un viajecito a Miami y comprender que sí tenemos la capacidad y el entusiasmo de ser buenos ciudadanos, ¿a cuántos de tus amigos mayameros han multado por pasarse una luz o por conducir bebido en La Florida? a casi nadie, porque les duele el bolsillo cuando llega la multa, y esos mismos amigos aquí hacen lo que les da la gana con las leyes de tránsito ¿por qué aquí perdemos la cordura? Es muy fácil twittear todo el día en contra de -ciertamente- un gobierno que nos ha hecho daño durante 15 años, pero ¿usted? ¿se ha hecho un análisis como ciudadano?

Se nos extinguen una de las principales cosas que construye un país: La ciudadanía. Pero más peligroso que su extinción es la costumbre a vivir así, se nos va metiendo como agua embravecida. ¿Nos queda país? Ya ni sé qué es peor, si tener una ruina física o una ruina de principios. Cuando la señora del juguito de naranja después de correr me da los buenos días con un entusiasmo que estremece, entonces caigo en cuenta, nos queda país. Cuando eventualmente voy a un ente público y me tratan bien, entonces caigo en cuenta, nos queda país. Cuando un carro, aunque sea uno, no pisa el rayado de cebra, entonces caigo en cuanta, nos queda país.

Es tan fácil, tan sencillo y genera un cambio tan grande.

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2 comentarios sobre “¿Nos queda país?

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