Tres días en Boca de Uchire

El fin de amar, sentirse mas vivo. El fin del mar, es sentirse igual, vivo – Gustavo Cerati

Cuando Cristal me dijo “Vamos a Uchire el fin de semana largo”, lo primero que pensé fue en las colas; y debo darme con una piedra en los dientes, porque fue un viaje perfecto. Sin colas de ida, sin colas de vuelta. Boca de Uchire para quienes desconocen queda a 3 horas de Caracas en el Estado Anzoategui, es la puerta de entrada al oriente del país, el punto limítrofe entre un estado y otro. Es un pueblito que en teoría vive de la pesca artesanal y en un porcentaje pequeño de la explotación del turismo.

Playa Boca de Uchire
Playa Boca de Uchire

Antes de partir había leído en la web “Boca de Uchire lo tiene todo-, así dicen sus moradores quienes advierten que aunque no es un lugar lleno de lujos, ofrece paz para descansar”. Me temo que si, Boca de Uchire no es el lugar que yo escogería para vivir, pero si el lugar que uno puede escoger para escaparse. Con 23 kilómetros de playa de un lado y 4700 hectáreas de la Laguna de Unare del otro, es imposible no dejarse llevar por el cauce de la naturaleza.

Llegamos el viernes por la noche: Cristal, Raomely, Marilex, Iván y yo. Cristal había gestionado lo que sería nuestra morada los siguientes dos días. Una casita perfecta frente al mar con todo lo que uno necesita: un par de hamacas, una cocina, cobertura nula de todas las operadoras y agua dulce por si nos daba la gana de sacarnos el agua salada. El sábado nos adentramos a la playa. Todo el día en una churuata que venía con la casita incluída ¿Qué más puede uno hacer que sentarse frente al mar?, hablamos por horas, hicimos silencio cuando había que hacerlo y nos metimos al mar todas las veces que fueron necesarias, como si uno no quisiera vivir adentro.

La vida es una churutata
La vida es una churuata

Para el domingo aplicamos el mismo modus operandi con la diferencia de que en la tarde nos fuimos con Cristal e Iván a la laguna a ver si tenían suerte con los flamingos o las corocoras y agarraban una buena foto. Los flamingos estaban lejísimos. Los muchachos hicieron el intento de captar alguna foto mientras yo observaba como atardecía desde la carretera. Entiendes que te faltan ojos para abarcar la grandeza del sol. La laguna es impresionante, la vista se te pierde intentando buscarle un fin. Los flamingos en comparsa se mueven por toda el agua. Cristal en el camino nos contaba que Boca de Uchire era tierra de holandeses, que en lo que es la laguna actualmente, en el pasado habían unas salinas y cuando venían los españoles a reclamar el negocio los holandeses prefirieron inundar las salinas abriendo un canal desde el mar, y entonces se formó la laguna. Ese día cuando anocheció nos sentamos en la playa bañados en repelente a ver como la luna se (im)ponía encima de nosotros. Sí, suena hippie. Cantamos hasta quedar sin voz para que la luna saliera detrás de las nubes que al principio no querían colaborar. Nos metimos al mar, agradecimos y recordamos que “Si San Juan lo tiene, San Juan te lo da”, era 23 de junio, día previo a la fiesta del San Juan.

Laguna de Unare
Laguna de Unare

Preparamos nuestra comida y comimos como unos reyes, compramos pescado en el pueblo y de vuelta, por supuesto desayunamos empanadas de cazón y de camarones.

Vivir como el mar, ir y venir, entre ola y ola. Pero siempre estar ahí.

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