Brevedad erótica III – Caraqueñismos III – Colgar el hábito

Metro-piezo de Caracas
Metro-piezo de Caracas

Fue en la estación Petare que Antonio vio por vez primera y por última a Moisés. Quien se llame Moisés está destinado a ser un hombre de bien, y en efecto, Moises sin ostentarlo, ostentaba su hábito con una camisa negra sin una pizca de arruga.

A las 5:30 pm la estación de Petare del metro de Caracas es apacible si tienes suerte; pero como Caracas es mujer, multiorgásmica, cambiante y con períodos incomprensibles, ese día pasaron dos trenes que nunca se detuvieron, lo que ocasionó, generó, propició, el encuentro de éstos dos desconocidos.

“Le recordamos que por su seguridad debe mantener una distancia prudencial de la franja amarilla”. Fue lo último que se escuchó por parte del operador antes de que todos en el andén comenzaran a intercambiar olores de ocho horas de trabajo.

Antonio entró casi en el último espacio y en pleno “Piiii” que anuncia que las puertas se están cerrando logró entrar Moisés, un cura que de buenas a primera se veía extraño corriendo para que el tren no lo dejara. Como si los curas no necesitaran llegar a tiempo.

Antonio dio paso a Moisés marcando respeto, pero era imposible que pudiese moverse más allá de la puerta. Moisés quedó de tal forma que le daba la espalda a Antonio y éste a su vez se encontraba adherido a la puerta que estaba próxima a abrirse en la estación La California. Antonio en su heteroflexiblidad se dejó apachurrar por el padre que iba y venía tras cada frenazo del tren, su pene comenzó a reaccionar ante el roce, el contacto no premeditado y ante lo prohibido.

Moisés procuraba evadir aquella cosa dura que intentaba su trasero y brotaba su mentalidad pagana reprimida. Cuando llegaron a La California respiró.

– Se baja alguien aquí (dijo para sus adentros).

Pero no, no bajó nadie, solo fue una pausa al acto al cual Moisés se negaba. Camino a Los Cortijos los apretones fueron más fuertes, Moisés no dijo palabra alguna pero sus movimientos delataban su intención. Aceptaba el momento. Ambos danzaban de un lado a otro, de frenazo en frenazo Antonio sentía que se iba. “Estación los dos caminos” dijo el operador mientras Moisés se aflojaba el clériman como quien dice con un gesto “Voy pendiente contigo”.

– Si te apresuras sobre mi me voy antes de llegar a Chacao que es mi estación final. Le comentó Antonio al oído al padre quien sudado asintió con un apretón de pene por debajo y en medio del tumulto de pasajaros.

En Altamira entraron dos más lo que coloco la boca de Antonio a la altura del cuello de Moisés. Antonio utilizó una mano arriba para sostenerse del techo, mientras que la otra estaba dentro del pantalón del cura excitado. Un retraso de 5 minutos y un apagón de 3 fueron suficientes para que Antonio masturbara al reprimido y para que él, a costillas del roce se fuera encima de sus pantalones.

– En breves momentos iniciaremos movimiento, se escuchó seguido de un alargado estación Chacao.

Antonio de prisa sacaba una tarjeta de su billetera cuando sonó aquel despreciable “Piii” que no dejó que el cura se quedara con su contacto.

Cuando salió del tren su pantalón de caqui lo delataba frente aquella multitud que a su parecer lo observaba extraño.

Anuncios

2 comentarios sobre “Brevedad erótica III – Caraqueñismos III – Colgar el hábito

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s