Correr en El Ávila, de noche

Para los que corren, ir al cerro más que un ejercicio físico es un ejercicio espiritual, estar ahí en medio de ese todo, tan cerca y tan lejos del caos hace que nos sumerjamos en nosotros, en nuestros propios procesos de cavilación.

Si quieres correr casi al inicio de la montaña, lo puedes hacer subiendo por Sabas o entrando por Chacaíto o también por San Bernardino, éstas dos últimas entradas te llevan al corta fuegos, una ruta sabrosa de 5km que te hará ser el epicentro entre la ciudad y la montaña. Sanmy me había invitado al corta fuegos de noche, una idea que me pareció atractiva, pues si de día hacerlo es genial, de noche sería algo más excitante, pero a decir verdad me asustaba la oscuridad, la aparición de algún animal y el mayor de los miedos, la delincuencia. Aún así nos fuimos, subimos corriendo desde la Plaza Altamira para ir calentando las “patas”, cuando llegamos al parque de perros, llamamos a Luis Chávez quien al parecer conoce cada rincón del cerrito, eran las 7:00 pm y Luis ya llevaba dos vueltas en el Corta Fuegos. Nos indicó como subir y seguimos la marcha por la cota mil. Conmigo además de Sanmy, estaba Carlos Mata, “El negro” y Yohely, la única mujer que se arriesgó a adentrarse en la oscuridad de ese pedazo que también es ciudad y que a nosotros nos perteneció ese día más que en otro momento.

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La única foto tomada con la cámara de Carlos

Cuando empiezas a subir sientes miedo, una mezcla de ese miedo que genera la inseguridad y ese miedo que es generado por el proceso de excitación, te vas adentrando, la neblina muchas veces te va indicando cuan arriba vas, lo vas notando fácil, las luces de la ciudad se te van haciendo distantes y el cielo, si tienes suerte está ahí imponente con todos sus astros y con es pedazo de luna que cumple la función de alumbrar cuando ya estás arriba. Es la naturaleza que está ahí, en su quietud permanente, hablándonos con un silencio que se aloja en lo más profundo de nosotros. Cuando comenzamos a correr lo hicimos en un túnel oscurísimo, las linternas solo alumbran a un metro o dos de nosotros, hay que estar muy pendientes porque el terreno es irregular y las piedras siempre te quieren jugar una mala pasada, pero fue excitante, a mitad de camino tomas el borde de la montaña, de un lado ves la ciudad aún despierta, del otro, El Ávila regenerándose con la noche. No sabes si sentirte como un círculo o como un punto, grande o pequeño, significante o insignificante. Ante esas dos inmensidades es imposible sentirse de una forma en especifica, pero estás ahí respirando un oxigeno con rastros de ciudad, viendo como esa Caracas tan hostil, desde arriba se ve apacible, sintiendo como El Ávila nos va limpiando de pies a cabeza. Nos encontramos a Luis en el camino, quien solo, ya estaba a punto de terminar su entrenamiento.

Terminamos comiendo helados de mora en el puestico de Chacaíto, Sanmy recogió algo de basura que habían dejado ahí, nos llevamos los vasos en las manos y bajamos.

Para aquellos que son ajenos a esta actividad, les quiero decir, correr va más allá de un par de zapatos.

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2 comentarios sobre “Correr en El Ávila, de noche

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