Brevedad erótica I – Amaneció de golpe

Por la ventana la luz con pudor se asomaba, su pene estaba intacto, duro, aguerrido, activo. Estaba como están casi todos los penes del mundo cuando amanece: parados. Es algo natural, no tiene que ver con una excitación en especifica, quizás muchas veces tenga que ver con las ganas de orinar. de estirón en estirón el pene pasaba de un proceso natural a uno de excitación, y así, dos o tres horas por las mañana para levantarse. El sábado, Antonio despertó asustado, luchaba por despertar de lo que creía iba a ser un sueño húmedo, odiaba los sueños húmedos, mojar la cama sin siquiera lograrla penetrar en el sueño le parecía desagradable, despertó con la idea de ir al baño y masturbarse de inmediato, pero cuando volvió la mirada sobre su sexo, Teresa jugueteaba con él en su boca.

Teresa: mmm

Antonio: ¿Qué haces Teresa?

Teresa: ¿Estás ciego? -como quien habla con la boca llena-

Foto: google
Foto: google

Antonio relajado dejó fluir la lengua de Teresa sobre su sexo erecto, la saliva de Teresa bajaba lentamente por el prepucio, mientras él con las manos en su cabello la hacía bajar y subir rápidamente. Teresa se ahogaba, respiraba y continuaba chupando en un acto que al parecer disfrutaba completo, meato, glande, frenillo, prepucio, tronco del pene y escroto, era el camino que tomaba para bajar con su lengua babosa y ávida por hacer estallar lo que en ese momento era una inmensidad frente a su rostro. A veces no tomaba el mismo camino de vuelta, sino que intentaba posar el pene entre su senos y luego bajaba y comenzaba otra vez desde el glande. No era Teresa, era la lengua la encargada de traducir las ganas, era la lengua hablando sin pronunciar palabra. Antonio lograba escuchar un “mmm” cuando Teresa llevaba las manos a su vagina aún cubierta con un impráctico pantalón de jean.

Pasaron 10 minutos. Antonio comenzaba a tomar con fuerza las esquinas de la cama en un intento por resistir la fuerte excitación que le causaba la lengua de un ajeno sobre su cuerpo. Teresa gemía  como si fuese ella misma quien recibía lengüetazos en su sexo, las piernas de Antonio comenzaban a estirarse e inclinarse lo que perturbaba el trabajo de Teresa sobre el pene, era mucha excitación. Se alcanzó a escuchar en ese instante de separación entre la boca y el miembro un “Vete Antonio, vete” con un registro de voz grave acompañado de un trago de saliva y luego un pequeño diálogo:

Antonio: ¡Maldita sea!

Teresa: ¿Qué?

Antonio: ¡Me gusta! ¿Dónde mierda lo aprendiste?

Teresa: Acaba sobre mi

Intentando tener el control, Antonio tomó su pene y comenzó a mastrubarlo, pero Teresa creyéndose la dueña de él no permitió otras manos sino las de ella, “Vete ya coño” decía mientras lo masturbaba bruscamente. Se le contrajo el abdomen, colocó las manos sobre los hombros de la mujer y en el siguiente acto, se fue, acabó; la esperma salió volando, una parte cayó en su abdomen y otra en el rostro de ella.

A las 7 de la mañana sonó el despertador,

Antonio: ¡Maldita sea! no la penetré otra vez.

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