La silla ´e mimbre y pa´ el porche

Pasé fin de año en Cumarebo, para quienes no saben, Puerto Cumarebo es un pueblo del estado Falcón en Venezuela, si vas desde Caracas es media hora antes de llegar a Coro, 6 horas de camino -¡Ja! si tienes suerte en el palito-, si vas en avión es una hora de vuelo y del aeropuerto de Coro tienes que tomar media hora de transporte para que te deje en el destino. Un pueblo con un semáforo, una calle Bolívar -centro-, una plaza, una iglesia y muy, pero muy pocas recreaciones.

De niño jugaba en el estadio, practicaba béisbol o mejor dicho, mi papá me obligaba a hacerlo, sumergido en una familia de peloteros era imposible no jugarlo, pero era malísimo; por suerte crecí o creo que mi papá se dio cuenta lo malo que era y me sacó, lo único que sabía era atajar y solo si me la ponían bombita. Digo esto para dejar evidencia que viví en ese pueblo, un pueblo al que añoro y donde me di el lujo de estudiar en una de las mejores escuelas del estado y cuidado sino del país.

La cultura es la gente
La cultura es la gente

Cumarebo es como muchos lugares del país, un lugar olvidado, allí -y me pesa decirlo- solo ha pasado el tiempo, solo han crecido arrugas a sus habitantes y por supuesto le han crecido arrugas a sus calles, todo cada vez está más feo o por lo menos yo lo veo así y lo siento por sus habitantes y por mi, que algún día lo fui. No hay crecimiento en lo absoluto, la actividad principal antes era la pesca y hoy día es el comercio, es decir, vive medio bien el que tiene su abasto, los demás o trabajan ahí o trabajan en Coro o Punto Fijo. Para 32.197 habitantes solo hay un cajero automático, que nunca sirve, para conectarte a internet -outlook.com- puedes durar hasta 30 minutos esperando, y éstas apenas son nimiedades, hay cosas más importantes que denotan que el pueblo no ha crecido y eso no es algo de este gobierno, es algo de todos los gobiernos que han pasado por allí.

Balcón de Jurado
Balcón de Jurado

La comida cumarebera es el llamado a “vamos a ser gordos”, hacen unas combinaciones de carbohidratos brutales, y debo decir que me encantan: pasta con carne molida y queso y arepa o arroz con bistec, tajada, papas y arepa y cosas por el estilo. Muero cuando voy porque soy un amante de la arepa y en ningún plato allá falta. El desayuno pueden ser hasta 6 empanadas y una malta o dos arepas con queso y natilla ¡Una delicia!

Playa Blanca
Playa Blanca

Pese a todo lo dicho, Cumarebo es un pueblo rico, a mi me mata el lenguaje, ese palabrerío loco que a veces no sabes de donde sale, es riquísimo, el acento es una mezcla de lo campesino con lo maracucho. Para llamarte te dicen “acho vení acá”, para denotar sorpresa “manífica” y para decirte mentiroso “no me engañés vos”, y hay cientos de expresiones más, muchas palabras las convierten en agudas. Pero no solo eso, también están las tradiciones que por suerte se han mantenido, pasear a San Benito el 26 de diciembre. El día de los inocentes es típico que salga algún loco a la calle -los locos son personas que se disfrazan de cualquier cosa-, y el 6 de enero es el fiestonon en la plaza Bolívar para celebrar la llegada de los reyes; un desfile de locos que van de todas partes del estado incentivados por un concurso donde ganan dinero. Para pasar los días en Cumarebo solo basta con sacar la silla ´e mimbre y sentarse en el porche, ahí se le va la vida a la gente agarrando sol o cogiendo sereno, es la plaza por excelencia del cumarebero: el porche, ahí conversan, ahí los niños juegan a cualquier cosa y las mamás le gritan “acho ve pa´ los la´os cuando crucés la calle”, así transcurre todo y es bonito, es bonito ver como la cultura diluye las preocupaciones, como el olvido y lo lejano de alguna u otra forma hace a las personas más felices. Si visitan Cumarebo es probable que coman el mejor dulce de leche del mundo y se expongan a 40 grados de temperatura, el sol es gratis y es tan fuerte con la intención de que la cultura se te quede adentro.

Me quedo corto para hablar del pueblo, de su riqueza cultural, de su gente, y es una pena como el pueblo se viene abajo, es una pena la falta de gestión.

Si viajas y no aprecias hasta lo mínimo, entonces no estás viajando.

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4 comentarios sobre “La silla ´e mimbre y pa´ el porche

  1. Aaaaaawwwww, Tito. ¡Mi Cumarebo! Todas mis vacaciones escolares desde los 8 años hasta los 16 (que empecé la Universidad) las pase en la casa de mi “Tia Ñuña”, en la Plaza, en el muelle, en una Heladería que había en una esquina de la plaza… Y en el porche, sentados en el porche viendo la vida pasar, o durmiendo la siesta… Y comiendo arepas. Ahora voy poco, solo de paso cuando voy a Coro o a Punto Fijo, a buscar dulce de leche y aliños para la carne. Me gusta caminar por el muelle y recordar lo feliz y lo libre que fui. Gracias por traerlo de nuevo a mi memoria…

  2. Insisto, leer es una forma de viajar.. Y ya he viajado un par de veces a través de tus lineas… Esta vez me transporte a Puerto Cumarebo, un pueblo que conozco solo la casa diagonal al estadio parada obligada de mis viajes a Maracaibo para comprar arepas peladas… Buenos recuerdos… Saludos Ti.. De Puerto Cumarebo para el mundo,nunca dejes de escribir!!

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