Montaña Vieja – Machu Picchu

La idea principal de ir a Cusco en Perú era acercarme a Machu Picchu y hacerlo el 21/12/12. Si el mundo se nos venía abajo, pues que me agarrara en la Montaña Vieja. Debí prepararme mejor para el viaje, digo, llevar más implementos, alimentos y por lo menos un par de zapatos adicionales. Indistintamente de eso, tomé un tren en la estación Poroy bien temprano. Fueron 4 horas de viaje entre las montañas en donde no me aburrí en ningún momento. Fueron 4 horas viendo, uno dice que viendo, es el mundo que lo ve a uno de frente. Me tocó el asiento 48 del coche C, “fuck: lado del pasillo”. Rogaba que el 47 –la ventana-, no llegara, pero minutos antes de partir un típico viajero norteño, con bermudas y zapatos vans, como haciendo alarde de su capacidad de aguante para el frío llegó y cuando me levanté para darle paso me habló where are u from?”a lo que respondí, “I’m from Venezuela and you?” y me dijo, “ah, Venezuela, yo soy de Estados Unidos” en un español que casi no se mezclaba con su acento original. “¿Hablas inglés?”,“I try” contesté, conversamos un rato más en spanglish, luego en inglés, lo que yo pude “machucar” y luego en español. Era Chris, venía viajando de Brasil, donde vivió por 3 años, aprendió español en España, donde le tocó vivir un tiempo también y a veces hablaba “portuñol” como decía él, una mezcla de español con portugués. Conversamos durante todo el camino y quedamos en encontrarnos en navidad en Lima.

Vista panorámica del tren
Vista panorámica del tren

En las 4 horas de camino el paisaje te empagala: ríos, montañas nevadas y si tienes suerte puedes ver a personas haciendo el camino del inca, cuyo recorrido lleva 4 días. En el km 41 nos detenemos, hay una zona que para cruzarla el tren debe hacer zigzag hasta entrar al desfiladero de Huaracondo que se forma por la quebrada de Pomatales y luego paramos en la segunda estación del tren, Ollantaytambo. No nos bajamos, pero nos permiten ver y algunos se montan allí. Luego a la distancia y a 5700 msnm observamos el Nevado Verónica y antes de llegar a Aguas Calientes –estación final-, podemos observar los complejos arqueológicos de Choquesuysuy y Wiñaywyna ¡Qué nombres tan difíciles! Cuando se llega a Aguas Calientes, un poblado muy bonito con restaurantes y un mercado grandísimo, no se ha llegado aún a Machu Picchu, montaña a la cual se llega en 30 min en carro o puedes tomar la opción de caminar y llegar a pie. Yo tomé un transporte por cuestiones de tiempo, cuando llegas los guías casi se te lanzan encima, para mí fue mejor hacer el recorrido sin guía, es más libre, decidí entrar solo, entregué mi boleto y comencé el recorrido. No sé de dónde saqué fuerzas para caminar todas las ruinas, la verdad solo quería quedarme sentado en un lugar y meditar, cosa que hice después de dar unas dos vueltas e intentar fallidamente subir el Waynapicchu. Lo mejor fue sentarme a apreciar o a que aquella inmensidad me apreciara. En Machu Picchu, uno es la nada y el todo, el punto medio entre el caos y el nirvana, uno es insecto, es flor, es gamelote. En Machu Picchu uno lo que hace es pensar o dejar de hacerlo, es pedir o dejar que el universo pida por uno. Habían bastantes turistas, unos al ritmo de la sílaba sagrada Om le daban un extra de paz al lugar, otros con solo poner sus manos en el pecho se detenían en el espacio. Yo observaba, guardaba silencio, y cada vez que podía pedía que me tomaran una foto: “Me tomas una foto”,“Do you take me a picture please?”. Después de agotarme bajando y subiendo, me senté por dos horas. Cada 30 minutos giraba para cambiar la vista, ¿Qué hice? Ver y dejarme ver, me hice y me deshice, me conjugué, pensé en los míos, los extrañé, me deshilaché, me cosí, me convertí en espectro y agradecí.

Machu Picchu es un poema, es la novela completa, es un ensayo sin error, es la crónica. Machu Picchu es un género que lo abarca todo, cualquier cosa adicional que diga no será suficiente para describirlo. Es un lugar que se vive por dentro, no solo las ruinas, el viaje entero, el recorrido del tren, las paradas, etc.
Vista de las ruinas
Cuando salía de las ruinas, ¿adivinen? Me encontré a Mirtha y a David. David, inconfundible, haciéndole branding a los Leones del Caracas con la camiseta y la gorra. Hablamos mientras salíamos, de la economía, del viajero venezolano, de cualquier cosa. Empezó a llover y el frío hacía de las suyas conmigo. Soy un cobarde para 16 grados, para 8 o 10, es como la muerte. así que retorné pues debía buscar un lugar donde comer antes de tomar mi tren de vuelta. En Aguas Calientes se consigue wi fi, así que aproveché de avisarle a los que estaban pendientes cómo estaba todo por alla. Comí y retorné a la estación. El tren me recuerda mucho a la película Polar Express  el ruido de la bocina, el ruido del tren y la vestimenta de los tripulantes es idéntica. Lo único es que no le hacen un huequito al boleto cuando subes. Se hacía de noche, abordé, y esta vez a mi lado del asiento me tocó Tanya, norteña también, músico. Me tocó darme más coñazos con el inglés porque ella hablaba menos español, pero hablamos un rato largo, nos divertimos. En el tren hicieron un desfile de ropa peruana y un baile típico. Llegué rozando las 9 de la noche a Cuzco, de vuelta el tren tarda mucho menos que de ida.
Llamas en Machu Pichu
Uno se vuelve nada por dentro cuando viaja, definitivamente. El viaje en realidad no es el destino final, es el camino en sí, es lo que pasa en ti y a tu alrededor mientras llegas. El destino siempre será como la meta, pero el recorrido es el contenido entero. Cuando decidimos viajar nos atrevemos, le damos paso a un mundo de posibilidades indescifrables. Uno imagina el lugar adónde irá, pero nunca lo que sucederá en el proceso. No se trata de ir a los países más lejanos del mundo o los lugares más originales, o las maravillas o China o qué sé yo, la Antártida o Alaska. Como dice Robert Louis Stevenson: “Yo no viajo para ir a alguna parte, sino por ir. Por el hecho de viajar. La cuestión es moverse“. Ese movimiento implica generar un tsunami adentro de nosotros.
Uno no vive, uno arde, y viajar es arder.
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4 comentarios sobre “Montaña Vieja – Machu Picchu

  1. Así es el hermano lo bonito de viajar no es el destino si no el transitar y las vivencias q el andar nos deja. Un abrazo. Espero verte pronto mi pana.

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